En Huamantanga, el teatro popular, practicado por campesinos, se recrea todos los años. La épica espafiola de versos octosilabos, es recreada en los Andes peruanos con alegria, con mucha sensibilidad artistica y un sentimiento desbordante que se traduce en el cariño a la tierra y en la fe a sus santos: Virgen del Rosario, San Francisco y San Miguel. En la misma linea está la escenificación de moros y cristianos que, no obstante referirse a acontecimientos lejanos en el lugar y el tiempo, expresa la costumbre de la gente y el sentimiento de identificacibn de aquellas familias. En Anduy y Shigual, las dos mitades que componen Huamantanga, es posible que aún podamos, cada mes de octubre, gozar con las hazafias de reyes y vasallos, con el canto y la música de las pallas.
Tradiciones de Quipán
Blog dedicado a difundir las tradiciones de Quipán
martes, 13 de octubre de 2026
sábado, 3 de octubre de 2026
Un día de octubre
El fuerte sol de aquella mañana de octubre iluminaba el cielo con un brillo casi deslumbrante que presagiaba un día tranquilo y esplendoroso. Nada hacía imaginar que tras esa calma algo inesperada estaba por ocurrir. Después de un suculento desayuno preparado en casa, por mi abuela, emprendimos el recorrido por las calles del pueblo. Al llegar a la Cruz de Sonqoqocha, nos detuvimos un momento para implorar su cuidado y protección antes de continuar nuestro camino.
Con los burros bien aparejados iniciamos el descenso a Shequi por el pedregoso y accidentado camino de bajada. El sendero por ratos estrecho y serpenteante se abría entre ramas secas y rocas sueltas que nos hacían avanzar con cautela, cuidando de no resbalar; pasando luego un tramo plano que continuaba la senda. Junto a mi hermano, entre risas y juegos, trepando piedras y soportando algún golpe travieso llegamos al lugar donde se separa el camino que sigue al pueblo de Marco. Luego de refrescarnos con el agua fresca en la acequia de Canín, notamos que desde fondo de la quebrada que separa a ambos pueblos se elevaba lo que parecía una densa humareda que hacía presumir la ocurrencia de un gran incendio. Sorprendidos y preocupados observamos como aquel “humo” ascendía y se extendía cubriendo las laderas vecinas con un velo gris que anunciaba algo fuera de lo común.
Así, reiniciamos el camino descendente bajo el radiante sol de aquella mañana que caía con fuerza sobre nuestros hombros y hacía brillar el sendero polvoriento. Ya quedaba poco para llegar, por lo que apresuramos el paso, animados por la claridad del día, la brisa fresca y el deseo de alcanzar pronto nuestro destino.
Al llegar a Shequi, luego de quitar el cerco que cubría la entrada ingresamos al corral. Descargábamos las cosas que llevamos cuando de pronto notamos que desde el árbol de aliso, junto a la pirca de piedra y el camino, nos hacían señas con las manos y nos llamaban con insistencia. Era el tío Juan quien llevaba colgado sobre el hombro una radio a transistores encendida escuchando las noticias. Luego de saludarnos, con voz agitada preguntó:
—¿Tía, te encuentras bien?, ¿los chicos?, Donde les agarró el temblor?
—¡Temblor!, ¿Qué temblor?, ¿Cuándo?, ¿Cómo?, -respondió mi abuela, desconcertada.
—¿Qué?, ¿No lo sintieron?, que raro, ha sido bien fuerte, tía; abajo en la quebrada hubo derrumbes que levantaron gran polvareda, por un momento parecía que era un incendio. Yo estaba regando mi parcela cuando comenzó. Aquí en la radio dicen que en Lima ha sido terrible, duró casi dos minutos, hay casas derrumbadas, cientos de heridos y varios muertos. Me voy al pueblo a ver cómo están arriba... ojalá que no haya pasado nada grave.
Inmediatamente mi abuela dispuso que alistáramos todo para regresar. Apresuradamente recogimos las cosas y emprendimos el camino de vuelta. En el trayecto de subida, al borde del llanto y entre sollozos, ella rezaba con fervor implorando al Señor de Los Milagros que escuchara sus plegarias y protegiera a sus hijos que se encontraban en la ciudad. El eco de su voz se perdía en el silencio del camino, mientras el sol intenso y el cielo azul despejado acompañaban nuestro andar. En medio del temor, aquel 3 de octubre, la fe fue nuestro mayor refugio.
viernes, 2 de octubre de 2026
Evangelización y control social en la doctrina de Canta, siglos XVI y XVII
viernes, 25 de septiembre de 2026
Rock en la alturas
Luego de un breve descanso bajo la cruz que se alzaba imponente, nos quedamos en silencio contemplando la capilla a lo lejos, los eucaliptos que se mecían suavemente, el cerro vigilante y la explanada extendida bajo el sol tibio de la mañana. Era un instante de quietud. Entonces, retomamos el camino.
Llegando a la carretera, otra letra nos hacía cantar a coro: “La otra noche te esperé bajo la lluvia dos horas; mil horas, como un perro…”. Y mientras avanzábamos, al pasar por la quebrada de Nononcocha, sonó aquella otra que siempre nos hacía callar un momento: “Ella existió solo en un sueño, él es un poema que el poeta nunca escribió…”. Luego seguimos con: "Una tartamuda se enamoró de mi, yo era un cualquiera y ella era actriz...", como si la ruta fuera escogiendo las canciones por nosotros.
Sin darnos cuenta, encadenamos melodía tras melodía: “Tu imaginación me programa en vivo, llego volando...” marcó el ritmo suave del camino, hasta que llegamos a Ucanán, que cruzamos entre risas y pasos más firmes mientras retumbaba: “¿...Y ahora qué pasa? ¡Uno, dos, ultraviolento...!”. En la siguiente subida, ya algo cansados, nos acompañó: “Estoy llorando en mi habitación, todo se nubla a mi alrededor…”, y la letra parecía mezclarse con el esfuerzo de nuestras piernas y el aire tibio que nos rodeaba.
Al llegar a la cruz hicimos una pausa para descansar. Allí, frente al cementerio, empezó a sonar: "Martha tiene un marcapasos que le anima el corazón...", como si incluso la música supiera dónde estábamos y quisiera animar el silencio del lugar.
Al cruzar el puente de entrada a Huamantanga, sonaba en el radiocasset: "Lunes por la madrugada yo cierro los ojos y veo tu cara que sonríe cómplice de amor...". Luego apagamos la música y seguimos por las calles silenciosas hasta llegar a la plaza. Allí hicimos los trámites en la municipalidad, compramos panes y bollos aún tibios y tomamos un par de gaseosas para refrescarnos antes de emprender el regreso.
Finalmente, enrumbamos de vuelta por el mismo camino, y sin planearlo terminamos escuchando y cantando con la misma desverguenza las canciones de la ida. Coincidentemente, el trayecto tomó exactamente una hora, lo que duraba el casete. Como si el viaje y la música hubieran sido pensados el uno para el otro.
miércoles, 13 de mayo de 2026
HUAMANTANGA
sábado, 14 de febrero de 2026
La vida en el camino
domingo, 8 de febrero de 2026
EL IMAGINARIO RELIGIOSO EN LA PEREGRINACIÓN AL SANTUARIO DEL SEÑOR DE HUAMANTANGA
EL IMAGINARIO RELIGIOSO EN LA PEREGRINACIÓN AL
SANTUARIO DEL SEÑOR DE HUAMANTANGA
Betsalí Curi
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
RESUMEN
El presente trabajo trata sobre los imaginarios en la peregrinación al Santuario del señor de Huamantanga, sustentados en la tradición oral tradición oral que cuenta cómo llegó hasta Huamantanga el milagroso escultor que trabajó la imagen de Cristo crucificado que se venera en el pueblo. Cada año en el mes de mayo se hace una peregrinación, rememorando el recorrido que se cuenta en la tradición; a lo largo del camino los devotos han establecido una serie de lugares donde se detienen obligatoriamente ya que, según el imaginario popular, serían los mismos lugares que se describen en el relato.
https://revistas.urp.edu.pe/index.php/Aula_Ciencia/article/download/229/218/470
Danza de moros y cristianos en Huamantanga (Canta). Tradici6n y teatro popular en la sierra de Lima
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Tradicional danza de la Villa de la Quipán que se baila durante las celebraciones de la navidad al amanecer del 25 de diciembre y en la fes...



